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6 de abril de 2023
La Inspección Técnica de Edificios o ITE
20 de abril de 2023Promover estilos de vida sostenibles y hacer un uso eficiente de los recursos son claves para producir y consumir sosteniblemente. Además, desvincular el crecimiento económico de la degradación es sumamente importante. Enfocarlo de esta manera no solo ayuda a mitigar la pobreza, sino que promueve también hacia una transición económica verde y con emisiones de carbono bajas.
Se estima que cada año, un tercio de la producción alimentaria (con un valor cercano al billón de dólares y equivalente a 1.300 millones de toneladas) es desperdiciada debido a deficientes prácticas en transporte y recolección, pero también por parte de los minoristas y consumidores. Únicamente durante el 2020 en España, 1.300 millones de kilos de alimentos en hogares, fueron desperdiciados, lo que equivale a una media de 31 kilos por persona.
En junio de 2022, el Gobierno español aprobó una ley innovadora contra el desperdicio alimentario que actualmente está en proceso de tramitación parlamentaria. Esta nueva normativa, llamada “Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario”, es la primera regulación que se promulga en España con el objetivo de reducir la cantidad de alimentos que se desechan sin consumir y fomentar un uso más eficiente de los mismos.
Busca prevenir la pérdida de alimentos en toda la cadena alimentaria, desde la cosecha hasta su consumo. Las empresas se verán obligadas a tener un plan de prevención, cuyo autodiagnóstico permitirá adoptar medidas que minimicen las pérdidas.
Se establecerá una jerarquía de usos en la que el consumo humano tendrá prioridad.
Este proyecto de ley ha pasado por una audiencia pública, llevándose a cabo cuatro foros participativos:
- Consumidores y ONGs
- Distribución y canal Horeca
- Industria
- Sector Primario
Se prevé que la ley entre en vigor durante el primer semestre del 2023.

También es fundamental que, además de abordar el desperdicio de alimentos, se gestionen correctamente los recursos energéticos e hídricos. Ponemos un ejemplo: si todo el mundo sustituyera sus bombillas por otras más eficientes (desde el punto de vista energético), se podrían ahorrar hasta 120.000 millones de dólares estadounidenses al año.
En Cataluña este año preocupa la sequía debido a la reserva de agua. Es muy baja, sólo del 27%. Se han implementado restricciones en el uso del agua, como la prohibición de regar zonas verdes y limpiar las calles con agua potable en el mes de marzo. Dichas restricciones han afectado a más de 224 municipios, incluyendo Barcelona. Las multas por no cumplir con ellas pueden llegar a los 150.000 euros.
Las previsiones meteorológicas vaticinan una primavera lluviosa. No obstante, en Cataluña hay tanta escasez de lluvia que es la peor registrada desde 1905. Para salir de la sequía necesitaríamos precipitaciones de 50 litros diarios durante, por lo menos, cuatro meses.
A nivel mundial se está agravando la falta de precipitaciones, incrementándose tanto en duración como en número (un 29% aproximadamente) desde el año 2000. Las Naciones Unidas presentaron un informe sobre la desertificación, destacando la necesidad de reducción de sequía de manera urgente utilizando todas las herramientas disponibles.
Económicamente, las sequías han ocasionado muchas pérdidas globales. Alrededor de 124.000 millones de dólares entre 1998 y 2017 y en el 2022, más de 2.300 millones de personas se enfrentarán a escasez de agua. A ello le sumamos que aproximadamente 160 millones de niños se encuentran expuestos a sequías graves y prolongadas.
Las previsiones indican un alcance de la población de 9.600 millones de personas en el 2050, siendo necesaria para entonces, una equivalencia de tres planetas para satisfacer las necesidades de los recursos naturales de los que disponemos. Únicamente depende de nosotros utilizar estos recursos de manera responsable.



